Visita a una playa alejada de la costa

Muchas personas asocian el verano con la playa, y alistan su protector solar incluso antes de hacer planes para ir a alguna ciudad costera a disfrutar del oleaje y el agua. En lo particular, no me emociona pensar en ir a la playa, aunque llegué a disfrutar mucho de ella junto a mi familia en Pompeya. El verdadero disfrute, ahora me doy cuenta de ello, era la compañía de esos seres especiales a quienes la vida me regaló como familia.

Muchos años después, y a muchos kilómetros de distancia de ellos, llego a reflexionar sobre cuánto disfrutaba de la arena intrusa en mis zapatos. Luego, me doy cuenta de que se trata tan sólo de una idealización, pues incluso hoy en día odio la arena en mis pies.

Hoy día, en mi rutina de ejercicios matutina, y aún con arena en mis tenis después de una visita hace un mes al desierto, recibí un mensaje que me alegró la mañana. Era Hestia, mi madre, que viajaba con Poseidón para conocer una nueva playa en las costas de Tebas. Me había enviado un mensaje de voz en el que escuchaba un sonido de fondo parecido al de una vibración, y al preguntarles de qué se trataba, me revelaron sus planes vacacionales.

Durante los años de mi infancia, esos planes vacacionales siempre me incluían a mi y a mi hermano Apolo. No había viaje a la playa, el mar o las montañas que no contara con por lo menos 4 miembros: Pose al volante, Hes durmiéndose en el asiento de copiloto, Apolo y yo en los asientos traseros escuchando música y a veces durmiendo uno a la espalda del otro. Hoy día, ellos están en Tebas, yo en Mileto, y Apolos en Corinto. Todos separados a consecuencia de la destrucción de nuestra ciudad natal.

Bajo la luz de estos recuerdos, pude visitar una playa a varios kilómetros de la costa valiéndome de las fotos y anécdotas de mis padres en el grupo de WhatsApp. Lo que hizo más vívida la experiencia fue probablemente la arena en mis tenis, pero también contribuyeron los años de recuerdos con viajes espontáneos y muy similares a este.

Se decidía el destino turístico en unos pocos días, se hacía el mantenimiento preventivo del automóvil mientras en casa preparábamos la música, se hacía el equipaje la noche antes, y se salía, preferiblemente de madrugada para darle más emoción al viaje. El recuerdo de los casetes de Laura Pausini y Queen me hacen recordar los gustos musicales de Pose y Hes, respectivamente. Y ocasionalmente también yo intervenía, exigiendo por lo menos una vuelta de mis casetes de Britney, que no siempre se completaba. Pero poco importaba si un casete se completaba o no, pues a todos nos gustaba lo que hoy llamamos «nuestra música de viajes».

Hoy en día conservo esa misma música en un playlist llamado «Nuestra música de viajes», en el que me aseguro de incluir un emoticono de equipaje y un automóvil para dar mayor relevancia al texto. Escucharé el playlist esta noche, haciéndome la idea de que estoy con ellos, de regreso a casa en un viaje a media noche, durmiéndome sobre la espalda de Apolo mientras Laura Pausini canta a alguien que se fue, y la razón no la sé.