Existen mentiras blancas que se pronuncian para evitar un mal mayor, pero poco hablamos de las blancas verdades que se omiten con el mismo propósito. Son realidades inocentes y situaciones sin culpa que podrían causar incomodidad, un revuelo emocional, e incluso una gran catástrofe. Verdades que no se quieren dichas. Una blanca verdad es la que callas cuando te enamoras de alguien culturalmente prohibido, la que no pronuncias mientras te planteas de nuevo todas las bases de tu religión y espiritualidad. Mi vida está llena de blancas verdades, y quizá alguien quiera escucharlas, ya que las personas a quien más aprecio no pueden hacerlo.
La ejecución artística es un medio de expresar lo que sentimos desde lo más profundo. Es un vehículo para conocernos y explorar el interior de nuestro ser. Es por eso que he comenzado a escribir estas líneas, que estarán seguidas de muchas más. No en un intento de grandeza, ni para recibir elogios, sino para plasmar en arte la esencia de mi ser, si tal cosa es posible, y lograr así una réplica de mi mente y corazón a la que pueda ver a los ojos.
Vengo de la ciudad romana de Pompeya, pero antes de sucumbir a su destrucción he venido a Mileto. Si bien estas ciudades y mis personajes son alegorías, su significado más profundo es real. Pompeya está en ruinas, y aunque es mi tierra natal, Mileto se ha convertido en el bastión donde he logrado proteger mi integridad. Me he dado cuenta de que para un inmigrante, su tradición y su cultura siempre serán invaluables. Siempre serán recordados y anhelados.
Sin embargo, muchas veces un cambio radical de domicilio se acompaña con cambios más profundos en la estructura interna de nuestro ser. Mucho he vivido y experimentado, por lo cual me he planteado un cambio en lo que fue mi religión en esa ciudad romana llena de escombros. No todos entenderán por qué veo más sentido en el pensamiento budista que en la corriente judeocristiana.
Entre otros cambios surgidos después de residir en Mileto, he comprendido que no estoy condenado eternamente a estar solo. Tengo a mi lado a un hombre que es la máxima expresión del cariño y la ternura, y me hace feliz con su compañía todos los días. No todos entenderán que el amor hacia alguien del mismo sexo es más que morbo, puede brindar estabilidad, y puede convertirse en la compañía que muchos de nosotros necesitamos para seguir sonriendo.
Muchas de estas blancas verdades podrían parecer oscuras o irreales, especialmente si se les mira con una vista sesgada. Pero lo cierto es que son sólo las bases de miles de realidades, inocentes y alegres, que se callan sin sentido, con labios sellados por el prejuicio. Poco a poco las iré viviendo y expresando, sabiendo que quizá alguien quiera conocerlas, ya que mis seres amados no.